La banda donostiarra reunió a unas 7.500 personas en el Anexo del Estadio de Gran Canaria en una noche marcada por la nostalgia, los grandes éxitos y un emotivo gesto de apoyo a su vocalista.
La Oreja de Van Gogh volvió a conquistar Gran Canaria el pasado 23 de octubre con un concierto que quedará en la memoria de sus seguidores. La actuación, enmarcada en la gira Tantas cosas que contar Tour 2026, celebró tres décadas de trayectoria musical y el esperado regreso de Amaia Montero a la formación.
Ante miles de espectadores, el grupo revivió canciones inolvidables como Rosas, La playa, 20 de enero, Muñeca de trapo y Puedes contar conmigo, convirtiendo el recinto en un gran coro colectivo.
Sin embargo, uno de los momentos más especiales de la noche llegó cuando la música dejó paso a las emociones. Tras unas semanas complicadas para Amaia Montero, marcadas por las críticas en redes sociales a sus recientes actuaciones y a su apariencia física, sus compañeros decidieron sorprenderla con un homenaje que nadie esperaba.
Xabi San Martín tomó el micrófono para reconocer públicamente a la cantante y recordó que habían atravesado días difíciles. Entonces pronunció unas palabras que emocionaron al público: «Hay alguien a quien el mundo le debe un aplauso grande«. Acto seguido, señaló a Amaia como destinataria de aquel reconocimiento.
Sus compañeros se acercaron para abrazarla mientras miles de personas respondían con una ovación y coreaban su nombre. Visiblemente emocionada, Amaia agradeció el gesto y reconoció que, aunque sus compañeros la cuidan y apoyan cada día, aquella sorpresa había sido especialmente importante para ella. «Ese beso sí, lo necesitaba«, confesó ante el público canario.
El homenaje fue mucho más que una muestra de cariño. Representó la unión de una banda que comparte treinta años de historia y una respuesta humana frente a la dureza de las críticas. Porque detrás de una artista también existe una persona, con sus emociones, sus dificultades y el derecho a comenzar de nuevo.
Gran Canaria fue testigo de una noche en la que la música, la amistad y la complicidad se impusieron a cualquier polémica. Un reencuentro que recordó que el verdadero legado de La Oreja de Van Gogh no está únicamente en sus canciones, sino también en las emociones que continúa despertando en generaciones de seguidores.

